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\\\"La verdadera soberanía reside en el pueblo y en su conciencia\\\", sostiene el autor.

Por Javier Martín Nemesio Juárez
Militante Popular y de los DDHH. Militante de LPO. Responsable de la CNP. Pro secretario del OPEIR y miembro de la Comisión Directiva de APSEE.

“No olviden jamás que todas las prédicas doctrinarias por grande que sean, sino están consolidando la justicia social de nuestro pueblo, sino están afirmando la independencia económica de nuestra Patria y no están defendiendo la soberanía de la Nación, caerán en el vacío”.

Juan Domingo Perón


El 20 de noviembre se conmemoran los 180 años de la heroica batalla de la Vuelta de Obligado, más allá del resultado, una victoria pírrica de las conjuntas fuerzas imperiales de Inglaterra y Francia, las más fuertes y poderosas en ese momento, del capitalismo europeo en expansión, frente a la aguerrida resistencia de las fuerzas nacionales, esta fecha se considera por el valor y la entereza de nuestras tropas una enorme victoria política.

El 9 de octubre de 1974 fue promulgada la ley 20.770, que establece esta fecha como el Día de la Soberanía Nacional, el 20 de noviembre de 2010 Cristina Fernández de Kirchner inauguró en el lugar de los hechos el Monumento de la Soberanía, escultura de un vallado Circular con una Estrella Federal en su base, e incorporó la fecha a los feriados nacionales.

Ante la superioridad militar de opuso un férreo valor y coraje, para intentar causarles el mayor daño posible, cosa que sucedió y, aun sufriendo diez veces más bajas que el enemigo, hay muchísimos relatos del valor de nuestro pueblo, tanto de los hombres que defendieron nuestras tierras como de las mujeres que los asistían, proveían y hasta curaban en el medio del permanente bombardeo invasor. A pesar de la enorme ventaja y que la prepotencia colonial pudo romper las cadenas y avanzar, el resultado fue tan costoso como inútil su intento de vender sus mercaderías aguas arriba donde siguieron recibiendo el hostigamiento de los hijos de nuestra patria y fundamentalmente no obtuvieron el beneficio económico para las arcas imperiales que tenían como objetivo.

Establecer paralelismos con el presente es una tentación inevitable, no podemos dejar de pensar en una dignísima provincia de Buenos Aires y a Axel, su gobernador, plantándose sin medias tintas ni especulaciones miserables, enfrentándose a todas y cada una de las políticas pro oligárquicas pro imperiales y en consecuencia antipopulares del gobierno de Milei.

Un gobierno nefasto y execrable que acaba de establecer para el sitio donde se desarrollaron hechos tan heroicos el Plan Paraná, en cuyos objetivos específicos impulsa fortalecer la colaboración con agencias extranjeras (con la Unión Europea, los yanquis y la OEA, a partir de sus organismos y agencias anti drogas, EUDA, DEA y CICAD OEA respectivamente), el discurso contra el crimen organizado para no enfrentar el verdadero crimen organizado de la fuga agroexportadora. Pero nada dice del control de la exportación para el cuidado de la industria y el trabajo nacional, nada sobre fortalecer la producción para beneficio del pueblo y, cuando habla del contrabando, habla del chiquitaje y no del movimiento de toneladas de granos sin control estatal; y cuando habla de desmantelar organizaciones criminales transnacionales, no está hablando de los Vicentin de la vida, fugadores y estafadores.

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Representación de la batalla de la Vuelta de Obligado, una gesta heroica en defensa de la soberanía nacional.

Los hechos históricos

En 1845 con nuestro Estado en formación, las relaciones exteriores de la Confederación Argentina estaban a cargo de la provincia de Buenos Aires siendo el general Juan Manuel de Rosas su responsable. Las dos potencias más grandes de ese momento se unen y deciden intervenir militarmente para imponer la libre navegación de los ríos interiores, auxiliar a la opositora Corrientes y, de esta forma, evitar la consolidación de las fuerzas federales que tenían cercado a Montevideo y así también avanzar con el “libre” comercio tanto con Paraguay como con las provincias litoraleñas, lo que implicaba eliminar las protecciones aduaneras que pudieran favorecer a la producción nacional. Para esto, inician un bloqueo naval y luego una expedición por el Rio Paraná.

Las tropas nacionales fueron comandadas por el general Lucio V. Mansilla, quien dispuso la colocación de tres gruesas cadenas sobre 24 barcazas para cerrarle el paso a la flota imperial y estableció cuatro baterías de cañones. Sin embargo, se encontraban en una inferioridad militar y tecnológica notable, del lado patriota 60 cañones de bronce de 8, 10 y 12 de calibre, del lado anglo francés lo más avanzado de la tecnología militar de la época, 22 barcos a vapor y vela, algunos hasta blindados, con 418 cañones de hierro forjado con calibres 24 y 36, y de recarga rápida, granadas de acción retardada, obuses antipersonales y hasta cohetería y 92 buques mercantes.

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"Esta fecha se considera, por el valor y la entereza de nuestras tropas, una enorme victoria política".

Y también, como reflexión, podemos establecer que la verdadera soberanía reside en el pueblo (lo mejor que tenemos) y en su conciencia. Y tenemos frente a este, del otro lado de la grieta, una oligarquía (sectores dominantes y concentrados de la economía) que vuelven a demostrar la misma falta de talento para elegir oportunidades estratégicas y una notable miopía, como cuando en el momento del declive de la potencia imperial de ese entonces, se aferraron con desesperación a la corona británica, con el pacto Roca- Runciman. 

Y en estos momentos, se atan a un pacto de entrega a la decadencia moral de los EEUU, que se orientan hoy con una visión más despectiva, más soberbia, más violenta y hasta más caprichosa, y sin dudas cada vez más lejana del derecho internacional, con serias agresiones a cualquiera que no sea un sumiso lacayo en su patio trasero (es menester mencionar las agresiones en nuestra región a Venezuela, Cuba y Nicaragua, pero también a Colombia, Brasil, México o Panamá).

Pacto de una gravedad y una letra chica aún desconocida, pero que sin dudas da la espalda a la idea de una Patria Grande, a los BRICS, a los mercados emergentes y a la posibilidad de un crecimiento real que genere felicidad en todo nuestro pueblo y no solo en el pequeño porcentaje que se beneficia del saqueo, la rapiña y la expoliación.  

El texto del copete, extraído del discurso del Día del Trabajador en 1954, sirve como apoyo logístico para el cierre de estas reflexiones. En ese párrafo, Perón coloca toda nuestra doctrina en función de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política de la Nación, o caerán en el vacío, dice. 

Esto significa que un discurso y una práctica política sin base territorial, sin cable a tierra en los sectores populares, sin anclaje en todos los trabajadores (con o sin registro, sea cual fuere su relación y la formas de su trabajo actuales o futuras) no nos permitirán recordar las heroicas gestas de nuestro pueblo más que como simples testigos, pero (y es un enorme pero), el peronismo nos enseñó a ser protagonistas y contamos además con el recuerdo presente y permanente de los 30.000 que nos impulsa y nos auxilia en los momentos más oscuros. 

Somos acaso hijos de una maravillosa generación que fue amada por su pueblo, porque le recordó que las cachetadas humillantes que había propiciado la oligarquía desde el principio de los tiempos, se podían devolver y, a pesar de haber sufrido el odio represivo como nunca se había visto ni era posible imaginar, dio todo lo que estuvo a su alcance. Tomando ese hermoso ejemplo y el recuerdo de todos los heroísmos de nuestro pueblo, no podemos menos que entender que las pesadillas se terminan, pero que debemos esforzarnos cada día, más aún en estos tiempos tristes y grises, para lograr la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.