La marcha del 9M dej贸 una imagen de organizaci贸n, solidaridad y esperanza, asegura la autora.
Por Felicitas Fuertes
Referente feminista de La Patria es el Otro.
La movilizaci贸n del 9 de marzo en Argentina volvi贸 a demostrar que el movimiento feminista es una de las fuerzas sociales m谩s vitales de nuestro tiempo. Convocada en el marco del Paro Internacional Feminista del 8M, la marcha reuni贸 a cientos de miles de mujeres y diversidades que salieron a las calles para decir algo que hoy resuena con m谩s fuerza que nunca: sin derechos no hay futuro.
El 8 de marzo no es una fecha simb贸lica ni una efem茅ride m谩s. Es una jornada de lucha que recuerda que los derechos conquistados no fueron casualidad, fueron resultado de la organizaci贸n popular y de la decisi贸n pol铆tica de un Estado presente que asumi贸 la responsabilidad de ampliar derechos y construir igualdad. Por eso, cada a帽o la movilizaci贸n expresa las preocupaciones de su tiempo. Y en la Argentina actual esas preocupaciones son claras, estamos atravesando un proceso de retroceso en materia de derechos sociales, laborales y de g茅nero que impacta con particular crudeza sobre las mujeres y las diversidades.
Las pol铆ticas de ajuste, la desarticulaci贸n de 谩reas estatales dedicadas a la igualdad y el cuestionamiento permanente a las agendas feministas no son hechos aislados. Forman parte de un proyecto pol铆tico que busca desregular el trabajo, debilitar la protecci贸n social y trasladar los costos de la crisis a las mujeres y diversidades, que son los sujetos pol铆ticos que hist贸ricamente sostienen la vida cotidiana.
La reforma laboral que se impulsa en este contexto profundiza esa desigualdad. Cuando se flexibilizan las condiciones de trabajo, cuando se precarizan los empleos o se debilitan las herramientas de organizaci贸n sindical, quienes primero lo sienten son las mujeres y las diversidades. Porque somos mayor铆a en los trabajos m谩s precarizados, porque cargamos con las tareas de cuidado no remuneradas y porque a煤n enfrentamos
brechas salariales.
Por eso el feminismo insiste una y otra vez, en vincular la lucha por la igualdad de g茅nero con la defensa de los derechos laborales. No hay justicia social posible si se precariza la vida de quienes trabajan. Y no hay igualdad real si las mujeres contin煤an siendo las m谩s afectadas por cada avance del ajuste.
Referente feminista de La Patria es el Otro.
La movilizaci贸n del 9 de marzo en Argentina volvi贸 a demostrar que el movimiento feminista es una de las fuerzas sociales m谩s vitales de nuestro tiempo. Convocada en el marco del Paro Internacional Feminista del 8M, la marcha reuni贸 a cientos de miles de mujeres y diversidades que salieron a las calles para decir algo que hoy resuena con m谩s fuerza que nunca: sin derechos no hay futuro.
El 8 de marzo no es una fecha simb贸lica ni una efem茅ride m谩s. Es una jornada de lucha que recuerda que los derechos conquistados no fueron casualidad, fueron resultado de la organizaci贸n popular y de la decisi贸n pol铆tica de un Estado presente que asumi贸 la responsabilidad de ampliar derechos y construir igualdad. Por eso, cada a帽o la movilizaci贸n expresa las preocupaciones de su tiempo. Y en la Argentina actual esas preocupaciones son claras, estamos atravesando un proceso de retroceso en materia de derechos sociales, laborales y de g茅nero que impacta con particular crudeza sobre las mujeres y las diversidades.
Las pol铆ticas de ajuste, la desarticulaci贸n de 谩reas estatales dedicadas a la igualdad y el cuestionamiento permanente a las agendas feministas no son hechos aislados. Forman parte de un proyecto pol铆tico que busca desregular el trabajo, debilitar la protecci贸n social y trasladar los costos de la crisis a las mujeres y diversidades, que son los sujetos pol铆ticos que hist贸ricamente sostienen la vida cotidiana.
La reforma laboral que se impulsa en este contexto profundiza esa desigualdad. Cuando se flexibilizan las condiciones de trabajo, cuando se precarizan los empleos o se debilitan las herramientas de organizaci贸n sindical, quienes primero lo sienten son las mujeres y las diversidades. Porque somos mayor铆a en los trabajos m谩s precarizados, porque cargamos con las tareas de cuidado no remuneradas y porque a煤n enfrentamos
brechas salariales.
Por eso el feminismo insiste una y otra vez, en vincular la lucha por la igualdad de g茅nero con la defensa de los derechos laborales. No hay justicia social posible si se precariza la vida de quienes trabajan. Y no hay igualdad real si las mujeres contin煤an siendo las m谩s afectadas por cada avance del ajuste.
Sin embargo, la marcha del 9M tambi茅n dej贸 algo m谩s que denuncia. Dej贸 una imagen poderosa de organizaci贸n, de solidaridad y de esperanza. En un contexto dif铆cil, cientos de miles de voces se encontraron, no solo en la Ciudad de Buenos Aires, sino a lo largo y ancho de nuestro pa铆s, para recordar que los derechos se conquistan y se defienden colectivamente.
Ese futuro que reclamamos no es una abstracci贸n. Tiene forma de pol铆ticas p煤blicas que ampl铆an derechos, de un Estado presente que protege a quienes trabajan y de una econom铆a que reconoce el valor social del cuidado. Tiene, tambi茅n, la convicci贸n de que la igualdad no puede retroceder. En la provincia de Buenos Aires, la gesti贸n de Axel Kicillof ha demostrado que otro camino es posible; uno que apuesta por fortalecer el trabajo, ampliar derechos y sostener pol铆ticas de g茅nero a煤n en tiempos adversos. All铆 donde algunos promueven el desmantelamiento del Estado, la provincia insiste en que la justicia social sigue siendo un horizonte.
La movilizaci贸n del 9M nos record贸 algo fundamental, y es que el feminismo es memoria de las luchas pasadas. Somos herederas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que organizadas combatieron el horror. Pero tambi茅n es una promesa de futuro. Y ese futuro, si queremos que sea m谩s justo, m谩s igualitario y m谩s democr谩tico, s贸lo puede construirse con m谩s organizaci贸n, m谩s derechos y m谩s pol铆tica. Porque, como se escuch贸 en las calles, sin trabajadoras no hay futuro. Y ese futuro se construye hoy.
Ese futuro que reclamamos no es una abstracci贸n. Tiene forma de pol铆ticas p煤blicas que ampl铆an derechos, de un Estado presente que protege a quienes trabajan y de una econom铆a que reconoce el valor social del cuidado. Tiene, tambi茅n, la convicci贸n de que la igualdad no puede retroceder. En la provincia de Buenos Aires, la gesti贸n de Axel Kicillof ha demostrado que otro camino es posible; uno que apuesta por fortalecer el trabajo, ampliar derechos y sostener pol铆ticas de g茅nero a煤n en tiempos adversos. All铆 donde algunos promueven el desmantelamiento del Estado, la provincia insiste en que la justicia social sigue siendo un horizonte.
La movilizaci贸n del 9M nos record贸 algo fundamental, y es que el feminismo es memoria de las luchas pasadas. Somos herederas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que organizadas combatieron el horror. Pero tambi茅n es una promesa de futuro. Y ese futuro, si queremos que sea m谩s justo, m谩s igualitario y m谩s democr谩tico, s贸lo puede construirse con m谩s organizaci贸n, m谩s derechos y m谩s pol铆tica. Porque, como se escuch贸 en las calles, sin trabajadoras no hay futuro. Y ese futuro se construye hoy.