La frase es una denuncia política y social, el grito de un pueblo al que se le terminó la paciencia.
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En distintos puntos de la provincia y de la Ciudad de Buenos Aires, la militancia de La Patria es el Otro expresó en pintadas y afiches el sentir popular de la situación que atraviesa nuestro pueblo: “Milei es hambre”.
En distintos puntos de la provincia y de la Ciudad de Buenos Aires, la militancia de La Patria es el Otro expresó en pintadas y afiches el sentir popular de la situación que atraviesa nuestro pueblo: “Milei es hambre”.
La consigna, repetida en paredones barriales en la vía pública, es la manifestación de una crisis profunda que atraviesa a millones de argentinos y argentinas como consecuencia de las políticas de ajuste, recorte y entrega de la soberanía nacional que viene llevando adelante el gobierno de Javier Milei. El deterioro de las condiciones de vida se agrava cada día. Comercios que cierran, familias que reducen sus comidas diarias, jubilados que no llegan a fin de mes, trabajadores que ven licuados sus ingresos.
Las pintadas son una de las tantas formas en las que el pueblo expresa su rechazo, ante una vida que se vuelve cada vez más difícil de sostener en lo cotidiano. Lo que se presentó como un proyecto “anti-casta” revela, en los hechos, prácticas que reproducen lo peor de la política. Estamos frente a un gobierno que se sirve del poder para beneficio propio, que responde a intereses ajenos al pueblo y que actúa en función de agendas que nada tienen que ver con las necesidades de la Argentina.
La frase es una denuncia política y social, es el grito de un pueblo al que se le terminó la paciencia frente a un modelo económico que privilegia la especulación financiera, el endeudamiento y la subordinación externa por sobre la producción, el trabajo y la felicidad popular. Los últimos escándalos de corrupción no hacen más que confirmar lo que cada vez más argentinos perciben: se trata de un gobierno de estafadores, que responde a sus propios intereses y a los de potencias extranjeras, mientras el pueblo sufre las consecuencias de decisiones que se toman de espaldas a nuestro país.
Las pintadas son una de las tantas formas en las que el pueblo expresa su rechazo, ante una vida que se vuelve cada vez más difícil de sostener en lo cotidiano. Lo que se presentó como un proyecto “anti-casta” revela, en los hechos, prácticas que reproducen lo peor de la política. Estamos frente a un gobierno que se sirve del poder para beneficio propio, que responde a intereses ajenos al pueblo y que actúa en función de agendas que nada tienen que ver con las necesidades de la Argentina.
La frase es una denuncia política y social, es el grito de un pueblo al que se le terminó la paciencia frente a un modelo económico que privilegia la especulación financiera, el endeudamiento y la subordinación externa por sobre la producción, el trabajo y la felicidad popular. Los últimos escándalos de corrupción no hacen más que confirmar lo que cada vez más argentinos perciben: se trata de un gobierno de estafadores, que responde a sus propios intereses y a los de potencias extranjeras, mientras el pueblo sufre las consecuencias de decisiones que se toman de espaldas a nuestro país.
En este escenario, resuenan con fuerza las palabras de Juan Domingo Perón, quien en su histórico discurso por el Día del Trabajador en 1951, pronunciado en la Plaza de Mayo, afirmó: “La lucha por la libertad, para nosotros, es la que nos conduce a la justicia social, a la independencia económica y a la soberanía política. Los argentinos tenemos nuestro régimen de libertad constitucional; pero qué sería de él en la injusticia social, en la esclavitud económica o en el vasallaje político. Todo eso nos conduciría a la libertad tan conocida por los trabajadores argentinos: la libertad de morirse de hambre".
Estas palabras tienen hoy una vigencia alarmante: una vez más en la historia argentina, son los trabajadores quienes cargan sobre sus espaldas el peso de políticas impulsadas por los enemigos del pueblo, por quienes ven al país como una mercancía y no como una comunidad organizada.
Estas palabras tienen hoy una vigencia alarmante: una vez más en la historia argentina, son los trabajadores quienes cargan sobre sus espaldas el peso de políticas impulsadas por los enemigos del pueblo, por quienes ven al país como una mercancía y no como una comunidad organizada.
Las pintadas son un llamado a la conciencia, a la organización, a la acción política. Son el indicio de que el pueblo no está dispuesto a resignarse a un destino de hambre y exclusión. En este camino, la tarea es clara: construir una salida a la pesadilla que representa el gobierno actual. Una salida colectiva y con un horizonte de país definido. Se trata de volver a poner en el centro al trabajo, a la producción, a la industria nacional, a la educación pública, a la salud como derecho, a la dignidad de cada argentino y argentina.
Cuando el peronismo se pone en marcha, lo hace con la historia como respaldo y con el futuro como horizonte. No hay que perder un sólo segundo, hay que militar para dejar atrás este proyecto de hambre y entrega. Para que el pueblo vuelva a ser feliz y la patria vuelva a ser grande, con un presidente peronista en el 2027 conduciendo los destinos de la Nación.
Cuando el peronismo se pone en marcha, lo hace con la historia como respaldo y con el futuro como horizonte. No hay que perder un sólo segundo, hay que militar para dejar atrás este proyecto de hambre y entrega. Para que el pueblo vuelva a ser feliz y la patria vuelva a ser grande, con un presidente peronista en el 2027 conduciendo los destinos de la Nación.