Larroque pidió \"mayores niveles de sensibilidad\" al gobierno de Milei.
De un lado, el gobierno de Javier Milei, que ha decidido retirarse de sus obligaciones más elementales y omite las consecuencias que generan sus políticas de hambre. Del otro, el gobierno de la provincia de Buenos Aires con Axel Kicillof a la cabeza, que sostiene, con recursos propios lo que la Nación ha decidido destruir. El anuncio del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad bonaerense debe leerse en ese contexto. Lo confirmó el ministro Andrés Larroque: “Anunciamos un aumento del 30% para el Servicio Alimentario Escolar, vamos a duplicar la asistencia alimentaria que reciben los municipios y aumentamos 25% los programas sociales de nuestro ministerio”.
Asimismo, el titular de la cartera de Desarrollo, exigió que el gobierno nacional “se haga cargo de la deuda que tiene con la provincia” y cubra la parte de la que históricamente se hizo cargo para poder hacer frente a una situación que calificó como “muy compleja”.
“Vamos a seguir profundizando el reclamo, esperemos que el gobierno nacional entre en razón, del 40% que aporta la provincia, solo recupera el 7%. Milei oficia hoy como presidente de otro país, como agente de una fuerza extranjera sin ocuparse de los problemas de nuestro país. Menos Adorni, más alimentos”, concluyó Larroque, a la vez que demandó “mayores niveles de sensibilidad”.
La medida anunciada es sin dudas una respuesta política frente a una ofensiva que busca desarticular el entramado social. El gobierno de Milei abandonó sus obligaciones con la provincia de Buenos Aires y desfinanció políticas sociales y alimentarias que históricamente sostuvo la Nación. Esa decisión implica trasladar el costo del ajuste al pueblo. En ese escenario, el gobierno de la provincia está cubriendo los huecos que deja el ajuste nacional. Lo hace en condiciones adversas, enfrentando una creciente demanda social y una restricción presupuestaria cada vez más fuerte. Porque mientras el gobierno nacional predica el retiro del Estado, en los barrios la realidad exige exactamente lo contrario.
Milei oficia hoy como presidente de otro país, como agente de una fuerza extranjera sin ocuparse de los problemas de nuestro país"
La deserción del Estado nacional se expresa en hechos concretos. En los municipios bonaerenses crece la necesidad de asistencia alimentaria a un ritmo desolador. Las familias que antes lograban sostenerse por sí mismas hoy necesitan ayuda para comer. Las familias de los trabajadores, golpeadas por la inflación, el endeudamiento y la caída de ingresos, empiezan a pedirlo. Las redes de contención están bajo presión y en algunos casos la situación es crítica. No hay discurso que pueda ocultar esa realidad. Y, sin embargo, desde el gobierno nacional se insiste en negar la gravedad de la situación.
Los incumplimientos financieros y la falta de transferencias son parte de una política que busca disciplinar a la sociedad a través del ajuste. Frente a ese panorama, el aumento del SAE permite sostener la alimentación de millones de chicos y chicas en las escuelas, que hoy cumplen un rol que excede lo educativo. En muchos casos, el comedor escolar es la única garantía de una comida diaria.
Pero el problema es estructural. Como señaló Larroque: “Milei vino a destruir el pacto constitutivo de nuestro país. La deuda total con la provincia es de 15 billones de pesos”. Esa deuda es la expresión de una disputa por el modelo de país. El SAE, en este contexto, es mucho más que un programa alimentario. Es una trinchera donde se defiende que hay derechos que no pueden ser negociados. Cada plato de comida que se sirve en una escuela es una respuesta concreta frente al abandono.
Todos los días, 2.500.000 niños y niñas asisten a los comedores escolares. Ellos deberían ser los únicos privilegiados de esta patria. Y es por ellos que la provincia decide sostener, incluso en la adversidad, políticas que garanticen su bienestar. La lucha, entonces, no es sólo por recursos. Es por el presente y por el futuro de nuestro país.