"Milei hacete cargo", fue la consigna que centralizó la convocatoria.
En la Argentina actual, donde el hambre vuelve a ser una herramienta de disciplinamiento social, la política se mide en actos concretos y no en declaraciones. La movilización encabezada por el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense Andrés Larroque junto a intendentes e intendentas de toda la provincia, hacia el Ministerio de Capital Humano, bajo la órbita de Sandra Pettovello, fue un acto de dignidad frente al abandono.
Allí, en las puertas de un ministerio que debería ser garante de derechos básicos, lo que encontraron no fue diálogo ni respuestas, sino un cerco policial. En palabras del propio Larroque, fueron “recibidos por un cordón policial, porque el edificio estaba rodeado de policías. El único interlocutor con el que pudimos hablar fue el jefe de la custodia del edificio del ministerio”.
La escena no es menor: expresa con crudeza la concepción de poder que hoy gobierna la Argentina, donde frente a la demanda legítima del pueblo y de representantes distritales elegidos democráticamente se responde con uniformes y vallados.
Más adelante, Larroque relató que: “la ministra estaba en una audiencia en otra dependencia y no podíamos ser recibidos por ningún funcionario. Estamos planteando un tema muy sensible, muy delicado, estamos hablando de la asistencia alimentaria del estado nacional hacia la provincia de Buenos Aires, estamos hablando de la comida de dos millones y medio de chicos y chicas que reciben el servicio alimentario escolar".
"Fuimos con más de 80 intendentes y nos recibió la policía", dijo Larroque.
No se trata de cifras abstractas ni de planillas contables: se trata de millones de pibes y pibas cuyo plato de comida depende de decisiones políticas. Lo que está en juego es más profundo que una discusión presupuestaria. De un lado, el gobierno de Javier Milei ha optado por correrse de sus responsabilidades más básicas, desentendiéndose de las consecuencias sociales que generan sus propias políticas. Del otro lado, la provincia de Buenos Aires, conducida por Axel Kicillof, asume la tarea de sostener con recursos propios aquello que la Nación ha decidido desarticular.
El gobierno nacional ha optado por desentenderse de compromisos históricos con la provincia, recortando y debilitando políticas sociales y alimentarias que durante años garantizaron un piso mínimo de dignidad. Esa determinación traslada el peso del ajuste directamente sobre los hombros de las familias trabajadoras.
En ese contexto, la provincia se hace cargo de lo que debería ser una responsabilidad compartida, sosteniendo programas esenciales para evitar que la crisis se profundice aún más. Larroque explicó con claridad la magnitud del problema: "lo que viene haciendo la nación es bajar la asistencia a la provincia. Este es el único programa en el cual mantenemos un vínculo, porque el resto de los programas los cancelaron, de siete programas que teníamos con el estado nacional hoy queda solamente este. Nuestro reclamo tiene que ver con un desfinanciamiento del Servicio Alimentario Escolar de 220 mil millones". La cifra es la expresión concreta de una política de desfinanciamiento que impacta directamente en la vida cotidiana.
Semanas atrás, el gobernador Kicillof había reclamado, junto a intendentes, la actualización de los montos del SAE.
Frente a esta situación, la militancia de La Patria es el Otro, junto a intendentes e intendentas bonaerenses, levantó la voz para exigir al Gobierno nacional la revisión y actualización de los recursos destinados al SAE.
El gobierno de Milei debe asumir la responsabilidad por la crisis que está profundizando en los hogares argentinos. En lugar de garantizar derechos, ha optado por recortar los aportes que históricamente aseguraban que los chicos y chicas tuvieran acceso a la alimentación. Esa decisión agrava la desigualdad y revela una concepción profundamente regresiva del rol del Estado.
Como señaló el gobernador Kicillof: "Los intendentes son los primeros en contener el padecimiento de sus vecinos y desde la Provincia los acompañamos con todos los recursos a nuestro alcance, pero nada es suficiente mientras sigan avanzando estas políticas". Allí está sintetizada la tensión de este tiempo: un Estado provincial que acompaña, frente a un Estado nacional que abandona.
La historia argentina ha demostrado una y otra vez que cuando el poder se divorcia del pueblo, el pueblo encuentra los caminos para hacerse escuchar. La política, cuando es verdadera se ejerce desde el compromiso con los que más necesitan. Es estar con el pueblo y para el pueblo, en cada conflicto, en cada reclamo, en cada pelea por lo justo.